Miércoles 07 de octubre de 2026

Nacionales — 07.10.2026 —

Crece la morosidad y preocupa la reincidencia de quienes ya habían refinanciado sus deudas

En algunos bancos, cerca del 30% de los clientes que ingresaron a planes de refinanciación volvió a incumplir los pagos. El fenómeno pone en duda que el deterioro de las carteras haya encontrado un techo.


La morosidad de los hogares se mantiene en niveles elevados y suma una nueva señal de alerta para bancos y entidades financieras: cada vez más clientes que habían refinanciado sus deudas vuelven a incumplir los pagos. La situación genera preocupación porque puede retrasar la recuperación de las carteras crediticias, justo cuando algunos indicadores comenzaban a mostrar señales de estabilización.

Fuentes vinculadas a una importante entidad bancaria señalaron que, pese a los planes implementados para ayudar a los clientes morosos a regularizar sus compromisos, una parte de quienes ingresaron a esas refinanciaciones no logró sostener los nuevos pagos y volvió a caer en mora. Según información a la que accedió Noticias Argentinas, en algunos bancos la reincidencia alcanza aproximadamente al 30% de los clientes que habían refinanciado sus deudas.

El dato adquiere relevancia porque aparece después de varios meses en los que algunos indicadores habían comenzado a mostrar una desaceleración del deterioro. El Banco Central informó que en julio la morosidad de las familias se ubicó en 12,9%, apenas por encima del 12,8% registrado en junio, mientras que la irregularidad del crédito total al sector privado alcanzó el 7,7%.

Al mismo tiempo, el organismo señaló que continuó desacelerándose el crecimiento del saldo de la cartera en situación irregular. Esa evolución había alimentado entre las entidades la expectativa de que el deterioro de la calidad crediticia pudiera estar encontrando un techo. Sin embargo, la reincidencia de quienes ya habían accedido a una refinanciación vuelve a poner esa posibilidad bajo análisis.

Uno de los indicadores que los bancos siguen con mayor atención es la mora temprana, que contempla los atrasos que todavía no superaron los 90 días. Este indicador había alcanzado un máximo superior a los 6 puntos en noviembre de 2025 y descendió hasta ubicarse alrededor de los 4 puntos en julio de este año. La mejora había llevado a proyectar una posible estabilización hacia fines de 2026, aunque el comportamiento de los clientes refinanciados agrega ahora un nuevo factor de incertidumbre.

Detrás del deterioro de la capacidad de pago aparecen distintos factores. Entre ellos se encuentran la falta de recuperación del ingreso real de los hogares, el fuerte crecimiento del crédito registrado durante la primera etapa de expansión y competencia entre las entidades y las condiciones de otorgamiento que se habían flexibilizado en ese período.

El problema también excede al sistema bancario tradicional. Un informe de Econviews había advertido en agosto sobre el aumento de la morosidad y las dificultades para encontrar una solución, en un contexto en el que el estancamiento del crédito aparece además como uno de los factores que condicionan la actividad económica.

EcoGo, por su parte, analizó la situación del endeudamiento de las familias tomando en conjunto el crédito bancario y el no bancario y advirtió que la morosidad alcanzó niveles récord. En el segmento no bancario, los niveles de incumplimiento se ubican entre el 25% y el 30%, dependiendo de la empresa, muy por encima de los registrados en el sistema bancario.

Este tipo de financiamiento cobró mayor relevancia a medida que algunos hogares quedaron fuera del circuito tradicional. En agosto, el crédito no bancario creció un 1,5% real mensual y alcanzó un stock de $16,3 billones, mientras que el crédito bancario registró una contracción del 0,8% real. Para muchos clientes, las plataformas no bancarias se convirtieron en una alternativa ante la dificultad para acceder nuevamente a préstamos de los bancos.

La persistencia de una cartera irregular tiene consecuencias que van más allá de quienes no pueden cumplir con sus obligaciones. Para bancos y fintech implica un mayor riesgo de incobrabilidad, pero también puede traducirse en un endurecimiento de las condiciones para nuevos préstamos, con menores montos, mayores requisitos y costos financieros más elevados. Esto, a su vez, limita el acceso al crédito y puede dificultar la recuperación del consumo en hogares cuyo poder adquisitivo todavía se encuentra condicionado.

El escenario también comenzó a generar movimiento en el Congreso. La oposición busca avanzar con una agenda destinada a asistir a las familias sobreendeudadas y convocó a una sesión para el jueves 15 de octubre, en la que se intentará abordar distintas iniciativas vinculadas con la morosidad y el endeudamiento familiar. Entre las propuestas aparecen proyectos para transparentar el costo financiero total de los créditos y promover la educación financiera, mientras que desde la oposición también se plantean topes a las tasas y límites al cobro en relación con las cuotas y los salarios.

Así, la discusión sobre la morosidad suma una nueva dimensión. Ya no se trata solamente de determinar cuándo comenzará a bajar el nivel de incumplimiento, sino también de establecer cuántos de los hogares que lograron refinanciar sus deudas podrán sostener los nuevos compromisos en el tiempo. La reincidencia aparece como uno de los principales obstáculos para que la mejora de los indicadores se consolide.

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