Viernes 14 de agosto de 2026

Internacionales — 13.08.2026 —

Brasil perdió millones de hectáreas de vegetación y crece su vulnerabilidad ante eventos climáticos extremos

La cobertura vegetal nativa pasó de ocupar el 79% del territorio brasileño en 1985 al 65% en 2025, mientras que las áreas destinadas a actividades agropecuarias crecieron del 18% al 32%. La Amazonía y el Cerrado concentran buena parte de las pérdidas.


Brasil perdió una parte significativa de su vegetación nativa durante las últimas cuatro décadas: la cobertura pasó del 79% del territorio nacional en 1985 al 65% en 2025. En el mismo período, las superficies destinadas a actividades agropecuarias avanzaron del 18% al 32%, según un estudio elaborado por MapBiomas.

La transformación adquiere especial relevancia por sus consecuencias ambientales y climáticas. La pérdida de vegetación reduce la capacidad de los ecosistemas para regular las temperaturas, proteger los suelos y contribuir al régimen de lluvias, aumentando la vulnerabilidad de Brasil frente al cambio climático y fenómenos extremos como El Niño.

MapBiomas, una red integrada por universidades, organizaciones ambientales y empresas tecnológicas que realiza un seguimiento anual de la cobertura y el uso de la tierra, calculó que entre 1985 y 2023 Brasil perdió 110 millones de hectáreas de áreas naturales, una superficie equivalente al 13% de su territorio.

El proceso estuvo acompañado por una importante expansión de la producción agropecuaria, con un crecimiento especialmente marcado de algunos cultivos.

La soja multiplicó casi por diez su superficie

Entre los cultivos temporales, la soja protagonizó la mayor expansión. En 1985 ocupaba 4,5 millones de hectáreas, mientras que en 2025 alcanzó los 44,2 millones, equivalentes al 66,5% del área agrícola del país.

La superficie destinada a la caña de azúcar también aumentó considerablemente durante esas cuatro décadas: pasó de 2,2 millones a 11,1 millones de hectáreas.

En paralelo, la superficie utilizada para silvicultura creció de 1,9 millones a 9,9 millones de hectáreas.

Amazonía y Cerrado, entre las regiones más afectadas

La transformación territorial tuvo un impacto particularmente importante sobre dos de los principales ecosistemas brasileños. Durante los 41 años analizados, la Amazonía perdió 53,9 millones de hectáreas de vegetación nativa, equivalentes al 14% de su superficie. En el Cerrado, la reducción alcanzó 51,7 millones de hectáreas, el 34% de su área.

En total, Brasil perdió 65 millones de hectáreas de áreas boscosas y selváticas, incluyendo la Amazonía y la mata atlántica, lo que representa una disminución del 15%.

A esa reducción se sumaron 46 millones de hectáreas de áreas de sabana, entre ellas superficies correspondientes al Cerrado, la Pampa y la Caatinga. La pérdida representa casi el 30% de la vegetación de sabana.

En la Amazonía, considerada uno de los principales reguladores climáticos del continente, la cobertura de vegetación nativa cayó del 89,5% en 1985 al 77,1% en 2025.

Según el estudio, la reducción de los bosques modifica los intercambios de calor y vapor de agua entre la superficie y la atmósfera, un proceso que puede favorecer el aumento de las temperaturas y alterar los patrones de precipitaciones.

Un territorio cada vez más cálido

La pérdida de cobertura vegetal se produjo además en un contexto de incremento sostenido de las temperaturas.

De acuerdo con MapBiomas, la temperatura media de Brasil aumentó a un ritmo de 0,29 grados centígrados por década entre 1985 y 2024.

El informe advierte que la combinación del calentamiento con la reducción de la vegetación puede disminuir la capacidad natural de los ecosistemas para amortiguar los efectos de eventos climáticos extremos.

La advertencia ante El Niño

El estudio también pone el foco sobre los efectos de El Niño, fenómeno provocado por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial y capaz de modificar los patrones de precipitaciones y temperaturas en diferentes regiones.

Según el informe, durante 2024 se observó un escenario característico de períodos con fuerte influencia de El Niño, con sequías en buena parte del norte de Brasil y lluvias superiores a los valores medios en el sur.

“Los datos históricos de precipitaciones muestran que los biomas brasileños han registrado sequías o lluvias cada vez más intensas en los años en los que El Niño tiene mayor intensidad”, señala el estudio.

MapBiomas advierte que ese patrón podría repetirse durante el ciclo 2026-2027, ante la posibilidad de una nueva influencia intensa del fenómeno, como ocurrió durante los ciclos 1997-1998, 2015-2016 y 2023-2024.

Frente a ese escenario, el informe destaca la importancia de conservar y recuperar la vegetación nativa, tanto por su contribución a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero como por su papel en la capacidad de adaptación frente a eventos climáticos extremos.

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