Internacionales — 21.05.2026 —
África apuesta a una muralla de árboles para detener el crecimiento del desierto del Sahara
La llamada Gran Muralla Verde une a 11 países en una ambiciosa estrategia ambiental para recuperar tierras fértiles. Organismos internacionales alertan que los avances todavía son limitados.
Once países africanos impulsan desde hace casi dos décadas uno de los proyectos ambientales más ambiciosos del planeta: la construcción de una barrera natural de árboles y vegetación para frenar el avance del desierto del Sahara hacia el sur del continente.
La iniciativa, conocida como Gran Muralla Verde, se extiende a lo largo de unos 8.000 kilómetros desde Senegal, en la costa atlántica, hasta Yibuti, sobre el mar Rojo, atravesando la franja del Sahel, una de las regiones más vulnerables al cambio climático y la desertificación.
El proyecto comenzó oficialmente en 2007 y busca restaurar 100 millones de hectáreas degradadas, capturar 250 millones de toneladas de carbono y generar 10 millones de empleos verdes antes de 2030.
La expansión del Sahara y la degradación del suelo son consecuencia directa de la tala indiscriminada, las sequías prolongadas y el aumento de las temperaturas. Según datos de Naciones Unidas, la región del Sahel se está calentando a un ritmo más acelerado que el promedio global y el proceso de desertificación avanza entre 45 y 60 centímetros por año.
El impacto potencial de este fenómeno preocupa especialmente por sus consecuencias sociales y económicas. Organismos internacionales advierten que, si la degradación ambiental continúa, cerca de 250 millones de personas podrían verse obligadas a abandonar sus hogares antes de 2050.
La Gran Muralla Verde busca precisamente contener ese proceso mediante la recuperación de tierras fértiles y la preservación de ecosistemas claves para millones de comunidades rurales que dependen de la agricultura y la ganadería.
En algunos países ya se registraron avances importantes. Etiopía logró restaurar cerca de 15 millones de hectáreas mediante técnicas de regeneración natural, mientras que Senegal informó la plantación de más de 12 millones de árboles y Nigeria recuperó alrededor de cinco millones de hectáreas en su frontera norte.
En 2021, durante una cumbre realizada en París, la Unión Europea, el Banco Mundial y la Unión Africana comprometieron nuevos fondos para acelerar las obras y reforzar la lucha contra el cambio climático en la región.
Sin embargo, a casi 20 años del inicio del proyecto, los resultados globales todavía están lejos de las metas previstas. La propia Unión Africana reconoció que apenas se completó alrededor del 18% del plan original.
Informes de organismos internacionales y medios como NPR advierten además sobre problemas de corrupción, mala administración de fondos y dificultades políticas derivadas de golpes de Estado y conflictos armados en varios de los países involucrados.
En numerosas comunidades, los sistemas de riego dejaron de funcionar por falta de mantenimiento y muchas de las plantaciones no lograron sobrevivir a las condiciones extremas del clima. La falta de infraestructura y recursos técnicos también complicó la continuidad de los trabajos en distintas zonas del Sahel.
Pese a las dificultades, el proyecto sigue siendo considerado una de las principales apuestas ambientales del continente africano para combatir la desertificación, reducir el impacto del cambio climático y mejorar las condiciones de vida de millones de personas.







