Internacionales — 14.02.2026 —
Una década de horror en Francia: la historia de la mujer que era sedada y abusada en su hogar
La víctima, Gisèle Pelicot, denunció que su esposo la drogaba y convocaba a hombres para abusar de ella. La investigación judicial que se abrió en 2020 reveló archivos que documentaban los ataques.
El caso que conmociona a Francia tiene como protagonista a Gisèle Pelicot, quien decidió romper el silencio tras una década de abusos sistemáticos perpetrados en su propio hogar. Según la investigación judicial, fue drogada de manera reiterada por su entonces esposo, Dominique Pelicot, quien además habría facilitado el ingreso de decenas de hombres a la vivienda para que la violaran mientras permanecía bajo los efectos de sedantes.
El entramado comenzó en 2011 y salió a la luz recién en 2020, cuando el marido fue detenido tras ser sorprendido grabando imágenes íntimas de mujeres en un supermercado. A partir de ese hecho, los investigadores hallaron en sus dispositivos archivos y registros que documentaban los abusos cometidos contra Gisèle por al menos 70 hombres, material que él mismo había conservado durante años.
En una extensa entrevista brindada en París, la mujer reconstruyó el horror vivido y el impacto que tuvo tanto el proceso judicial como la exposición pública. Recordó el momento en que la policía le mostró las pruebas: describió una sensación de desconexión total, como si estuviera “anestesiada”, incapaz de comprender cómo su propio cuerpo no reaccionaba ante lo que veía en los videos.
La manipulación, según se conoció durante la causa, alcanzaba niveles extremos. Cuando comenzaron los desmayos y las pérdidas de memoria, su esposo la acompañaba a consultas médicas. En un principio, los síntomas fueron interpretados como posibles signos tempranos de Alzheimer. Ella, que mantenía una relación iniciada en 1971, aseguró que confiaba plenamente en él y que jamás imaginó estar siendo víctima de semejante traición.
El impacto del caso trascendió a la pareja y golpeó de lleno a su entorno familiar. Sus tres hijos y sus nueras también quedaron involucrados emocionalmente en el proceso, al conocerse que el acusado poseía imágenes íntimas obtenidas sin consentimiento.
Durante el juicio, Gisèle debió enfrentarse cara a cara con varios de los acusados, hombres de entre 22 y 70 años. Muchos negaron la violencia de sus actos. La mujer describió las audiencias como instancias duras y frías, aunque sostuvo que decidió no dejarse quebrar. Hoy, mientras intenta reconstruir su vida, afirma que su decisión de hablar busca aportar visibilidad a una historia que expone una de las formas más extremas de sometimiento y abuso dentro del ámbito doméstico.







